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domingo, 11 de diciembre de 2011

Del corsé al tanga

"Modo de ajustarse el corsé ", una estampa cómica de 1800 recogida en una muestra.


Desde la elegante moda de la alta burguesía hasta el tanga, pasando por la combinación, la bata de 'boatiné', los pantalones o la mantilla, la escritora Laura Manzanera hace un repaso a la moda española en el libro 'Del corsé al tanga'.

"El concepto de moda llegó a España de la mano de los turistas cuanto trajeron el biquini y la minifalda", ha explicado la escritora, quien asegura: "Los españoles tenemos un gran complejo de inferioridad y no sabemos vendernos".
El siglo XX es el siglo de la moda, pero durante sus primeros años las españolas vestían conforme a la moral cristiana, que exigía que fueran cubiertas desde el cuello hasta el empeine par evitar tentaciones.
Al tiempo que el corsé iba perdiendo su asfixiante protagonismo surgieron cómodos conjuntos de falda y chaqueta. Las mujeres de la aristocracia empezaron a practicar tenis, deporte que requería subir el bajo de la falda y mostrar brazos.

Cabellos a 'lo garçon'

A imagen de la vecina Francia, la moda española se transformó y las damas, con el cabello a lo "garçon" exhibieron siluetas rectilíneas que apenas dejaban intuir la cintura.
La ropa interior -faja elástica y sujetador- se simplificó y la combinación sustituyó a la enagua. Las medias de seda, combinadas con faldas que no podrían subir más de 25 centímetros del suelo, erotizaron los andares femeninos.
En la década de los 30, el cine influyó en la moda. Mientras que las mujeres de la burguesía vestían como Greta Garbo o Marlene Dietrich, en la España profunda, la mujer seguía luciendo falda, blusa y toquilla de ganchillo.
Vestía ese uniforme cuando la sorprendió la Guerra Civil, un conflicto que obligó al maestro Balenciaga a instalarse en la avenida George V, de París. Con el país dividido en dos bandos, la falda descendía y los escotes se guardaban en los baúles en espera de mejores tiempos.
En la España de Franco se pusieron de moda las faldas largas de vuelo, las hombreras anchas, los trajes sastre, los vestidos entallados y los sombreros. En los años 50, en Barcelona se creó la Cooperativa de Alta Costura, donde Pedro Rodríguez, Bastida, Santa Eulalia, El Dique Flotante y Pertegaz mostraron su talento para la alta costura, un talento, que llegaba impregnado de modernidad y que se reconoció a nivel mundial.
Ante tales muestras de permisividad, la Iglesia puso el grito en el cielo e impuso su propia dictadura. "Nada de faldas ni mangas cortas. Faja y medias todo el año, ropa interior blanca inmaculada, pelo recogido y velo para entrar en la iglesia", señala Laura Manzanera en el libro.
Como podía, la moda seguía avanzando. Fue entonces cuando salieron a escena las chicas "topolino", llamadas así porque lucían zapatos con plataforma de corcho y puntera abierta.
Rita Hayworth, en una escena de la película 'Gilda'.
Rita Hayworth, en una escena de la película 'Gilda'.
La gran pantalla seguía marcando tendencias. Mientras que Rita Hayworth, Ingrid Bergman y Katharine Hepburn dictaban la moda desde Hollywood, Lola Flores se convertía en el mito erótico español.
La década de los 50 fue la época dorada de Balenciaga, años en lo que impuso sus míticas túnicas y sus originales vestidos saco. Junto a ellos se lucieron vestidos entallados, que marcaban las caderas y los pechos se moldeaban con sostenes cónicos.
Con la llegada de los turistas a la Península se vieron los primeros biquinis, que primero escandalizaron y que más tarde se popularizaron junto a la minifalda, "prenda que durante un tiempo fue cosa de famosas y desengoznadas urbanitas a las que poco o nada les importaba ser señaladas", sostiene Manzanera.
Si en la década de los 30 la libertad se demostraba quitándose el corsé, en los de los 70 se prescindía del sujetador y el liguero revivió junto al estreno de 'Emmanuelle'.
Bajo los acordes de la movida madrileña, surgieron un ramillete de diseñadores de la talla de Sybilla que impusieron su sello en la moda de España. Bajo su dictado, la mujer lucía blusas holgadas, 'leggins', minifaldas con volantes, calentadores y botas altas. Las más osadas imitaban el estilo de Madonna.
En los 90, una delgadísima Kate Moss impuso el "grunge", estilo que convivía con las siluetas andróginas y los patrones minimalistas que también interpretó Ángel Schlleeser.
A finales del siglo, prueba fehaciente de que moda y tecnología eran ya inseparables fue el Wonderbra, sujetador que milagrosamente aumentaba el pecho sin necesidad de recurrir al bisturí.
"Hoy la moda que no esté en Internet y ni las redes sociales no existe. La moda son las marcas", concluye Manzanera.
Extraído de El Mundo

domingo, 27 de noviembre de 2011

Laura Manzanera presenta su libro "Del corsé al tanga"

Corsé de Dior de los 50, sujetador en los 70 y Herzigova con un 'wonderbra'. | El Mundo/Efe/AP


España no ha estado nunca a la cabeza en lo que a moda se refiere. Siempre hemos ido, como en casi todos los ámbitos, con retraso respecto al resto de países pero, al mismo tiempo, la moda ha tenido una relevancia especial en nuestra vida y nuestra Historia. 'Del corsé al tanga', de la periodista Laura Manzanera, repasa los últimos 100 años de la moda en nuestro país.
La autora, en declaraciones a ELMUNDO.es, describe su libro como "un recorrido por un siglo de historia de España desde la perspectiva de la moda. Un reflejo de lo mucho que hemos cambiado en nuestra forma de pensar, de vivir y, en consecuencia, también de vestir". Por ello, comienza por el corsé y aborda todas las prendas que fueron llegando a España: la enagua, los sombreros imposibles, el biquini y, cómo no, la minifalda.
Siempre se ha sabido que los niños, como la moda, vienen de París pero, a pesar de esto, también hemos tenido diseñadores patrios que han influido mucho en la forma en la que nuestro estilo se iba configurando. Así, Fortuny, Paco Rabanne, Roberto Verino o Pertegaz iban y venían con nuevos diseños que también gustaban en el extranjero y Balenciaga, al que la autora del libro considera el más influyente de nuestro país, "innovaba teniendo en cuenta el pasado y la tradición, reinterpretando la mantilla, los ornamentos en los cuadros de Goya o Velázquez, el negro riguroso de los tiempos de Felipe II...".
El hombre y la mujer nunca han estado en igualdad de condiciones en lo que se refiere a la moda. "La tradición ha obligado a los varones a trabajar fuera de casa, por eso sus trajes debían ser serios, sobrios y cómodos. Ornamentos, florituras y prendas opresoras como el corsé o los tacones quedaron para las mujeres", afirma Laura Manzanera, que también considera que "aunque en las últimas décadas este punto ha cambiado bastante, a nosotras se nos sigue exigiendo mostrar un aspecto impecable en todo momento".

De la tiranía de la moda a la tiranía de la belleza

Según pasaban los años evolucionaba la higiene, la ropa y también la forma de pensar. El corsé evolucionó y paso a llamarse sujetador, prenda que las 'hippies' se negarían a llevar y que, posteriormente, se convertiría en 'wonderbra'. Las faldas se acortaron, se alargaron, se volvieron minis, 'cinturones' y se volvieron a alargar. Con la movida madrileña, según la periodista, "los creadores españoles se lanzaron a trabajar con libertad y hasta con ayuda oficial". Además -prosigue-, "los atrevidos diseños de Raúl del Pozo o los vestidos imposibles de Agatha Ruiz de la Prada contribuyeron a aquella onda 'fashionista' y gracias a esto apareció la marca 'Moda de España'". En los 90, de una moda elitista a la que sólo unos pocos bolsillos tenían acceso, se pasó a otra que intentaba abarcarlo todo para llegar a todos los públicos.
Actualmente, parece que la moda se ha 'endurecido' y ya no aspiramos a ser (o parecer) ricos sino a querer ser, o parecer, jóvenes. "Vivimos cada vez más pendientes de nuestro 'look', que significa mirar pero también parecer. Miramos y somos mirados, y por tanto juzgados según nuestra apariencia", reconoce Manzanera. "La ropa, en general, es ahora más cómoda que en épocas pasadas, pero estamos sometidas y sometidos a otras tiranías: la delgadez y la juventud".
Según cree la autora de 'Del corsé al tanga' "lo queramos o no, hoy todos somos 'fashionistas' en potencia y todo es 'fashionable'. Desde que Zara creó, más que un estilo de vestir, un estilo de comprar, la ropa nueva y a la última se considera un artículo de primera necesidad. Somos esclavos de una moda cambiante y caprichosa". Y concluye: "parece que la moda seguirá transformándose, el tiempo dirá cómo".
Extraído de El Mundo (Aroa Morales)