viernes, 24 de diciembre de 2010

Cómo servir científicamente una copa de champán

Al verter el vino con inclinación se preservan mejor el sabor y las burbujas, según los experimentos de unos científicos franceses; además, tiene que estar frío

Secuencia de imágenes de la formación de burbujas al verter el champán verticalmente (a) y con la copa inclinada (b).- GERARD LIGER-BELAIR ET ALL

¿Cómo se debe servir el champán? ¿Sabe mejor si se hace sobre el fondo de la copa, como dicta la costumbre, o sobre la copa inclinada? ¿Es una cuestión de hábito, cultural, de buenos modales.... o hay razones objetivas que aconsejen una forma u otra de hacerlo? Mucho se ha debatido sobre el tema. Ahora, unos investigadores franceses, como cabía esperar, han realizado una serie de experimentos para medir el efecto que tienen las dos formas de servir el champán sobre la pérdida de burbujas en el proceso, y llegan a la conclusión de que se conservan más burbujas y mejora el sabor cuando el vino se vierte sobre la pared de la copa y no directamente al fondo. Además, confirman que al servirlo frío se realza su gusto. Con un obvio oportunismo por las fechas, Gérard Liger-Belair y sus colegas dan a conocer ahora los resultados de sus experimentos. Del cava no dicen expresamente nada, pero se supone que se aplican los mismos principios.

La forma normal de servir el champán en restaurantes o en bares es echando verticalmente el líquido sobre el fondo de la copa, generando así una densa capa espumosa que enseguida se extiende hacia arriba y desaparece. La otra forma, menos habitual, es la que Liger-Belair y sus colegas denominan de cerveza y consiste en inclinar la copa y verter el champán sobre la pared de la misma, de manera que, a medida que se llena el recipiente, éste va recuperando su verticalidad. El segundo método de servir genera menos turbulencia en el champán y menos espuma.

Los científicos han medido y comparado lo que sucede en los dos procesos y los efectos en el champán a tres temperaturas diferentes: 4, 12 y 18 grados centígrados. Se trata de experimentos científicos, así que han controlado todos los parámetros, midiendo y repitiendo los ensayos varias veces para tomar los valores promedio como resultado. Además, han utilizado una técnica de termografía en infrarrojo para visualizar y filmar los procesos. Por cierto, los experimentos se han hecho con un "champán normal, recientemente elaborado a base de vinos 100% de uva chardonay", de 2008, y se han utilizado copas alargadas de tipo flauta.
Proceso de servir el champán con la copa vertical y la botella a 4 grados centígrados (a) y a 18 grados (b), a la izquierda, y la misma secuencia, pero sirviendo con la copa inclinada, a la derecha.- GERARD LIGER-BELAIR ET ALL
Quizás convenga recordar el origen de las burbujas en esta bebida: "El champán y los vinos espumosos elaborados según el método tradicional tienen típicamente casi 12 gramos por litro de dióxido de carbono disuelto, es decir, unos nueve gramos en la botella estándar de 0,75 litros", explican los investigadores. Cuando se abre la botella, el líquido que hay dentro instantáneamente se convierte en supersaturado con moléculas de CO2, ya que el aire ambiente contiene poquísimas de estas moléculas, por lo que el vino empieza inmediatamente a perder el gas, en forma de burbujas, tendiendo al equilibrio con el aire. El proceso químico es el mismo en todos los vinos espumosos, las sidras, las cervezas, las sodas y las aguas minerales con gas, comentan. En el champán, esas burbujas son inseparables de su exquisitez, porque ensalzan el sabor, el aroma y el gusto.

Liger-Belair y sus colegas explican en su artículo (publicado en la revista Journal of Agricultural and Food Chemistry) que, al verter el champán con el método de la cerveza, la concentración de CO2 disuelto en el vino disminuye menos (la mitad aproximadamente) que cuando se sirve al fondo de la copa dispuesta verticalmente. En cuanto a la temperatura, cuanto más alta es, mayor es la pérdida de dióxido de carbono en el proceso de servir.

La explicación de todo esto, para los científicos, está en que se genera mayor turbulencia en el líquido al servirlo verticalmente (la densa efervescencia momentánea) que al hacerlo sobre la pared de la copa inclinada, y a mayor temperatura mayor es la pérdida de moléculas de CO2 en el líquido. Así que la recomendación de los científicos de la Universidad de Reims está clara: el champán frío y servido con la copa inclinada. Seguramente muchos habían apreciado ya la diferencia, pero es interesante también saber por qué.

Extraído de El Pais (Alicia Rivera)

Los nuevos zapatos masculinos

Oxford, de charol, abotinados, de estilo militar....el calzado para hombre se renueva

Los modelos masculinos clásicos de estilo italiano y los mocasines, comparten espacio este otoño con botas y botines, materiales como el charol y el ante y nuevos estampados y pieles.

Oxford: Unos oxford de ante marrones se convierten en uno de
los accesorios masculinos más demandados de la temporada.

Morados: El color es una de las novedades que aunque cuesta,
está tratando de imponerse. Estos morados son un ejemplo de ello.

De Charol: Su forma, diseño y clase son tradicionales,
pero su material es innovador: el charol pisa fuerte.

Ante Verde: El ante es un tejido que está cada vez en auge
ya que aporta elegancia y distición a cualquier look.

Denim: El denim también ha llegado al calzado,
y el de hombres también se ha sumado a la moda.

Botines: Los botines masculinos están cada vez más
en tendencia para llevar por fuera de los pantalones.

Clásico: No pueden faltar en los pies
masculinos unos zapatos clásicos de cordones.

Botín Oxford: Los oxford ya están muy metidos en los
armarios masculinos, la tendencia de este año es abotinarlos.

Rojos: Botas rojas para looks moteros o de aire
desenfadado, destinados a hombres con ganas de destacar,

Negro: El comodín masculino por excelencia.
Un zapato negro de piel, estilo italiano con costuras.

Estampados: Adiós a los colores lisos y las formas
sencillas, los estampados llegan a los zapatos de hombre.

Tie Dye: Este efecto desgastado en colores
grises es una de las apuestas fuertes de la pasarela.

Extraído de Elle.es (Paula Llanos)